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La disyuntiva del coronavirus en la comunidad científica

Columna Por Waldo Mora, Doctor en Biología Molecular, Instituto de Investigación Interdisciplinar de Ciencias Biomédicas USEK.

El Coronavirus SARS-CoV-2 es el virus que está produciendo la actual pandemia y, aterrorizando al mundo entero, pero ¿qué sabemos de él? A Ciencia cierta, del virus se sabe bastante, pero de la enfermedad que produce aún se sabe poco.

El nuevo coronavirus, aunque apareció muy recientemente (cerca de tres meses), se logró aislar desde siete pacientes chinos (por médicos chinos) y se analizó su cromosoma, es decir el material genético que porta sus genes. Este material genético es ARN (ácido ribonucleico) de “una sola hebra positiva”, propiedad que comparte con otros virus conocidos.

Los cromosomas de virus pueden ser ARN o ADN, de una o dos hebras. Esto dice mucho de cómo se multiplican dentro de la célula que invaden. Bueno, el ARN del virus de nuestro interés, se asemeja mucho al virus CoVRaTG13 que se encuentra en murciélagos que habitan en China. Ambos comparten una secuencia genética idéntica en 96,2%.

Este dato permite suponer que SARS-CoV-2 también encuentra en los murciélagos su reservorio natural y desde allí salió para terminar infectando al ser humano. Se desconoce, totalmente, cómo desde un murciélago llega al humano, solo hay teorías al respecto.

Además, este virus comparte un 79,5% de identidad con el virus SARS-CoV (no confundir los nombres, son muy parecidos) que en el año 2002 causó la primera pandemia por coronavirus del presente siglo, SARS, que significa Severe Acute Respiratory Syndrome y su paso por el mundo estuvo asociado a 8096 personas infectadas y 774 fallecidos.

Este virus también encuentra en murciélagos su reservorio natural. La semejanza del coronavirus, que ahora nos preocupa, con el virus SARS del 2002, es interesante porque se pueden descubrir rápidamente claves importantes de cómo se desarrolla la enfermedad.

Se ha determinado que ambos emplean el mismo receptor celular humano para iniciar la infección del tracto respiratorio. Este receptor es la “enzima convertidora de angiotensina 2” (angiotensin converting enzyme 2) que se encuentra en la superficie de las células del tracto respiratorio y que, por un azar, digamos “biológico”, sirve a estos dos virus para adherirse a la célula.

Esto es interesante, porque una droga específica que, aún no existe, podría ser una molécula que se interponga entre el receptor y el virus, inhibiendo la entrada de este.

La infección por un virus significa que este se debe adherir al receptor, indispensablemente, para luego entrar a la célula y una vez dentro se apropia del metabolismo celular para usarlo en su propio beneficio, en este caso la multiplicación viral.

Finalmente, los numerosos virus que se acumulan dentro de la célula invadida terminan rompiendo la célula y salen para continuar invadiendo otras células.

Asombrosamente, lo que tiene hoy al mundo en jaque es un virus, y la ciencia aún no se pone de acuerdo si un virus es o no un ser vivo.